Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Y por último (mas no en último lugar, ¿pues hubo nunca alguna niña que consiguiera tal éxito teatral?) llegamos a nuestro primoroso Lirón. «Primoroso» es posiblemente el único epíteto que se le ajusta por completo: con su radiante cara de bebé, el delicado nerviosismo de su habla y el perfecto realismo con que ella encarna la esencia del Sueño, es seguramente el más primoroso Lirón que jamás haya dicho: «¡Duermo cuando respiro!». Con las primeras palabras de su parlamento inicial, un súbito silencio llena el espacio (al menos así ha ocurrido cada vez que yo he estado allí) y los tonos infantiles suenan extrañamente claros en la quietud. Y sin embargo, dudo que el encanto se deba solo a la incisiva claridad de su articulación; para mí, aún mayor era el total abandono y la perfección consciente de su actuación. Si Dorothy sigue un lema es el de la perfección. Espero que pronto llegue el día en que tenga ella un papel teatral más importante que el de Lirón, cuando algún audaz empresario reponga el Sueño de una noche de verano ¡y cumpla el obvio servicio al público afianzando a Dorothy d’Alcourt como Puck!