Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Lo cual las devolvió al comienzo de la conversación. Alicia se sentÃa un poco irritada ante el laconismo tajante de la Oruga y, poniéndose muy tiesa, le dijo con toda gravedad:
—Creo que deberÃa primero decirme quién es usted.
—¿Por qué? —dijo la Oruga.
He aquà otra pregunta desconcertante, y como Alicia no podÃa hallar ninguna buena razón, y la Oruga parecÃa estar de muy mal humor, dio media vuelta.
—¡Vuelve! —le gritó la Oruga—. ¡Tengo algo importante que decirte!
Esto ya sonaba mucho más prometedor. Alicia dio otra vez media vuelta y regresó.
—No pierdas la calma —dijo la Oruga.
—¿Eso es todo? —dijo Alicia, conteniéndose de rabia al máximo.
—No —dijo la Oruga.
Alicia pensó que bien podÃa esperar, pues no tenÃa nada que hacer; después de todo, quizá valÃa la pena escuchar lo que iba a decirle. Durante unos minutos la Oruga estuvo fumando sin decir palabra. Al final desplegó los brazos, retiró la pipa de la boca y dijo:
—¿Asà que tú crees haber cambiado?