Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas que tu vista es de lince, como antes:
¿cómo consigues, dime, que una anguila
se aguante en tu nariz? ¿Es magia o arte?
Contesté tres preguntas, y eso basta
—dijo el progenitor—. ¡Y menos humos!
¡Fuera o te arrojaré por la ventana
como te obstines en hacer el burro!
—No lo has dicho bien —observó la Oruga.
—No del todo, me temo —dijo tÃmidamente Alicia—. Me salió un poco cambiada la letra.
—Está mal desde el comienzo hasta el fin —dijo la Oruga con decisión; y hubo un largo silencio.
La Oruga fue la primera en hablar.
—¿Qué altura quieres tener?
—¡Ah!, no soy exigente en materia de altura —se apresuró a contestar Alicia—; solo que no me gusta cambiar tan a menudo, ya sabe.
—No sé —dijo la Oruga.
Alicia no dijo nada; nunca en su vida la habÃan contradicho tanto y eso le hacÃa perder la paciencia.
—¿Estás contenta con tu talla actual? —preguntó la Oruga.