Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Bueno, me gustarÃa ser un poco más alta, si usted no tiene inconveniente —dijo Alicia—: siete centÃmetros es una birria de altura.
—Al contrario, ¡es una altura perfecta! —dijo furiosa la Oruga, irguiéndose mientras hablaba (medÃa exactamente siete centÃmetros).
—¡Pero yo no estoy acostumbrada! —replicó con voz lastimera Alicia. Y pensó: «¡Ojalá no fueran tan susceptibles estos bichos!».
—Con el tiempo ya te acostumbrarás —dijo la Oruga; y otra vez, con la pipa en la boca, se puso a fumar.
Alicia aguardó pacientemente a que la Oruga decidiera hablar de nuevo. Al cabo de uno o dos minutos, se quitó el narguile de la boca, bostezó una o dos veces y se desperezó. Luego descendió de la seta y se internó en la hierba, diciendo a modo de despedida:
—Un lado te hará más alta y el otro te hará más chica.
«¿Un lado de qué? ¿Y el otro de qué?», pensó Alicia.
—De la seta —dijo la Oruga, como si se lo hubiera preguntado en voz alta, y al instante, desapareció.
Alicia se quedó un rato mirando pensativamente la seta, tratando de adivinar cuáles serÃan esos dos lados; como era perfectamente redonda, el problema resultaba muy difÃcil. Sin embargo, al fin, extendió lo más posible los brazos alrededor de la seta, y rompió con cada mano un trocito del borde.