Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Tampoco es muy correcto por tu parte sentarte con nosotros sin haber sido invitada —dijo la Liebre de Marzo.
—No sabÃa que la mesa era suya —dijo Alicia—. Está puesta para muchas más de tres personas.
—Necesitas un buen corte de pelo —dijo el Sombrerero.
HabÃa estado observando a Alicia con mucha curiosidad, y estas eran sus primeras palabras.
—DeberÃa aprender usted a no hacer observaciones tan personales —dijo Alicia con acritud—. Es de muy mala educación.
Al oÃr esto, el Sombrerero abrió unos ojos como naranjas, pero lo único que dijo fue:
—¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
«¡Vaya, parece que nos vamos a divertir!», pensó Alicia. «Me encanta que hayan empezado a jugar a las adivinanzas.» Y añadió en voz alta:
—Creo que sé la solución.
—¿Quieres decir que crees que puedes encontrar la solución? —preguntó la Liebre de Marzo.
—Exactamente —contestó Alicia.
—Entonces debes decir lo que piensas —siguió la Liebre de Marzo.
—Ya lo hago —se apresuró a replicar Alicia—. O al menos… al menos pienso lo que digo… Viene a ser lo mismo, ¿no?