Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¿Lo mismo? ¡De ninguna manera! —dijo el Sombrerero—. ¡En tal caso, serÃa lo mismo decir «veo lo que como» que «como lo que veo»!
—¡Y serÃa lo mismo decir —añadió la Liebre de Marzo— «me gusta lo que tengo» que «tengo lo que me gusta»!
—¡Y serÃa lo mismo decir —añadió el Lirón, que parecÃa hablar en medio de sus sueños— «respiro cuando duermo» que «duermo cuando respiro»!
—Es lo mismo en tu caso —dijo el Sombrerero.
Y aquà la conversación se interrumpió, y el pequeño grupo se mantuvo en silencio unos instantes, mientras Alicia intentaba recordar todo lo que sabÃa de cuervos y de escritorios, que no era demasiado.
El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.
—¿Qué dÃa del mes es hoy? —preguntó, dirigiéndose a Alicia.
Se habÃa sacado el reloj del bolsillo, y lo miraba con ansiedad, propinándole violentas sacudidas y llevándoselo una y otra vez al oÃdo.
Alicia reflexionó unos instantes.
—Es dÃa cuatro dijo por fin.
—¡Dos dÃas de error! —se lamentó el Sombrerero, y, dirigiéndose amargamente a la Liebre de Marzo, añadió—: ¡Ya te dije que la mantequilla no le sentarÃa bien a la maquinaria!