Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Era mantequilla de la mejor —replicó la Liebre muy compungida.
—SÃ, pero se habrán metido también algunas migajas —gruñó el Sombrerero—. No debiste utilizar el cuchillo del pan.
La Liebre de Marzo cogió el reloj y lo miró con aire melancólico: después lo sumergió en su taza de té, y lo miró de nuevo. Pero no se le ocurrió nada mejor que decir y repitió su primera observación:
—Era mantequilla de la mejor, sabes.
Alicia habÃa estado mirando por encima del hombro de la Liebre con bastante curiosidad.
—¡Qué reloj más raro! —exclamó—. ¡Señala el dÃa del mes, y no señala la hora que es!
—¿Y por qué habrÃa de hacerlo? —rezongó el Sombrerero—. ¿Señala tu reloj el año en que estamos?
—Claro que no —reconoció Alicia con prontitud—. Pero esto es porque está tanto tiempo dentro del mismo año.
—Que es precisamente lo que le pasa al mÃo —dijo el Sombrerero.
Alicia quedó completamente desconcertada. Las palabras del Sombrerero no parecÃan tener el menor sentido.
—No acabo de comprender —dijo, tan amablemente como pudo.
—El Lirón se ha vuelto a dormir —dijo el Sombrerero, y le echó un poco de té caliente en el hocico.