Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas UN gran rosal se alzaba cerca de la entrada del jardÃn: sus rosas eran blancas, pero habÃa allà tres jardineros ocupados en pintarlas de rojo. A Alicia le pareció muy extraño, y se acercó para averiguar lo que pasaba, y al acercarse a ellos oyó que uno de los jardineros decÃa:
—¡Ten cuidado, Cinco! ¡No me salpiques asà de pintura!
—No es culpa mÃa —dijo Cinco, en tono dolido—. Siete me ha dado un golpe en el codo.
Ante lo cual, Siete levantó los ojos dijo:
—¡Muy bonito, Cinco! ¡Échale siempre la culpa a los demás!
—¡Mejor será que calles esa boca! —dijo Cinco—. ¡Ayer mismo oà decir a la Reina que debÃan cortarte la cabeza!
—¿Por qué? —preguntó el que habÃa hablado en primer lugar.
—¡Eso no es asunto tuyo, Dos! —dijo Siete.
—¡Sà es asunto suyo! —protestó Cinco—. Y voy a decÃrselo: fue por llevarle a la cocinera bulbos de tulipán en vez de cebollas.
