Fantasmagoría
Fantasmagoría De día, si lo encuentras recluido
en casa, o de paseo,
limítate a lanzar un buen gemido,
indicador del tono para hablar
que tengas elegido.
Pero, si ves que tiene compañía,
la cosa es más difícil.
Si quieres dar remate a tu porfía,
consigue mantequilla en la despensa
o cabos de bujía.
Un buen resbaladero has de agenciarte
con lo dicho, o con sebo,
y sobre él ágilmente deslizarte,
meciéndote al pasar de lado a lado.
Es fácil este arte.
La Segunda nos dice cómo obrar
en plan ceremonioso:
“Un fuego azul o carmesí alumbrar
(algo, por cierto, que olvidé esta noche)
y la puerta arañar”».