FantasmagorÃa
FantasmagorÃa Altercados
«¿A las VÃctimas, pues, no se consulta?
Tienen derecho —dije—,
ya que su gusto muy dispar resulta,
y aún más en lo que toca de los trasgos
a la amplia turbamulta».
El trasgo denegó con un mohÃn.
«¿Consultarlas? ¡Ni hablar!
Satisfacer siquiera a un pequeñÃn
serÃa una tarea demencial
y no tendrÃa fin».
«Es claro que no puede darse opción
de elegir a los niños.
Con todo, a un hombre de mi condición,
creo que bien dejársele podrÃa
exponer su opinión».
«Dar gusto a todos —dijo—, ¡qué locura!
La gente es caprichosa.
Nuestra visita un solo dÃa dura,
y luego nos quedamos o nos vamos,
según la coyuntura.
Y, aunque no se consulta al anfitrión
antes de hacer las cosas,
si el trasgo a desertar muestra afición,
o tiene malos modos, aquél puede
