Fantasmagoría
Fantasmagoría Lo más correcto, vista tu demora,
hubiera sido irme,
pero, con una noche tan traidora,
me dio el fantasmaestre[10] su permiso
de esperar media hora».
«¿Fantasmaestre?»: pregunté. Respuesta
no obtuve, y en vez de ello.
«Una de dos —me dijo—: o no se acuesta
el que al fantasmaestre no conoce,
o nunca se indigesta.
Va por ahí sentándose en la gente
que cena demasiado,
y pellizca y estruja a su durmiente
hasta asfixiarlo casi». Aquí repuse:
«¡Bien le está que reviente!».
«Los que una ración cenan abundante
de huevos con tocino,
queso a la plancha, pato y bogavante,
un estrujón reciben como premio
que es cosa impresionante.

Por ser gordo y rollizo en demasía,
su oficio bien le pega,
pues de su talla el mote le venía:
solíamos llamarle hace algún tiempo
Maestre y Compañía.