Fantasmagoría
Fantasmagoría El día en que maestre lo eligieron,
bien sé que todo espíritu
quiso elegirme a mí; no se atrevieron
cuando tan excitado, tan frenético
y furioso lo vieron.
De su triunfo el lance extraordinario
corrió a contarle al rey,
pero, siendo de esbelto lo contrario,
aquello de trotar un par de millas
le resultó un calvario.
Viéndole tan fantasma y tan cansado
(pesaba doce arrobas
y el sol cual horno el aire había inflamado),
fantasmaestre lo nombró al momento el rey,
regocijado».
«No sé si fue una decisión certera
—le repliqué indignado—.
Fue una humorada, y Johnson[11] asevera
que alguien que hace humoradas muy bien puede
robar una cartera».