Fantasmagoría
Fantasmagoría «Alguien y un rey no son la misma cosa»,
respondió. Largo rato
luché por ver mi tesis victoriosa,
mientras él escuchábame con una
sonrisa desdeñosa.
Por fin, ya sin aliento e impaciente,
eché mano a un cigarro.
«Tu objetivo —me dijo— es excelente,
pero cuando lo llamas argumento
es necio e improcedente».
Por su fría mirada de serpiente
picado, le repuse:
«¡Yo desafío al más indiferente
a negar que la unión hace la fuerza,
cosa que es evidente!».
«Atiende —respondió—, si no te enfada.
(Le escuché humildemente).
Tienes razón: la cosa está probada.
La unión hace la fuerza, pero, en cambio,
la unción no unce nada».