FantasmagorÃa
FantasmagorÃa y que, al llegar exhausto a la posada
que corona el sendero,
con paso incierto cruza al fin la entrada,
y un bofetón recibe que lo tumba
con atroz costalada;
y se ve resbalar ladera abajo,
igual que si soñara,
cual peso muerto que de tajo en tajo
cae de cabeza raudo hasta que al cabo
llega al punto más bajo:
asà me ocurrió a mÃ, tan empeñado
en convencer a un trasgo,
y hallé muy diferente mi altercado
de un debate entre humanos, mas no quise
darme por derrotado.