Fantasmagoría
Fantasmagoría Antes, con la animosa persistencia
que me daba mi empeño,
me esforcé en demostrarle la evidencia
de todos mis asertos, formulándolos
en forma de sentencia.
Poniendo en cada frase lo primero
un «por lo tanto» o un «porque»,
devané ciegamente mi sendero
por aquel laberinto silogístico,
sin ver mi paradero.
«Es —dijo— una bobada manifiesta.
Deja ya de ufanarte.
Anda, sé bueno y échate una siesta.
Nunca antes vi mortal con una charla
tan necia y tan molesta.
Me recuerdas a un hombre muy huraño
que, estando discutiendo,
vio al calor de su furia humear el paño
de entrambas sus sufridas zapatillas».
Le repliqué: «¡Qué extraño!».