Silvia y Bruno
Silvia y Bruno La embajada del barón
Empecé a seguir al vicerrector pero, tras pensarlo mejor, fui en pos de milady, pues sentÃa curiosidad por ver cómo se las iba a arreglar para mantener a los niños fuera de la vista.
La encontré con la mano de Silvia cogida en una de las suyas, mientras con la otra le acariciaba el cabello a Bruno de un modo de lo más tierno y maternal: ambos niños parecÃan desconcertados y un poco asustados.
—Queridos mÃos —estaba diciendo—, ¡he estado planeando una cosita que os va a gustar! El profesor os acompañará a dar un largo paseo por el bosque esta hermosa tarde: ¡llevaréis una cesta con comida y haréis un pequeño picnic junto al rÃo!
Bruno dio un brinco y aplaudió.
—¡Qué chuli! —gritó—. ¿Veddad, Silvia?
Esta, que seguÃa aún con cara de cierta sorpresa, levantó los labios para dar un beso.
—Muchas gracias —dijo de corazón.
Milady volvió la cabeza para ocultar la amplia sonrisa triunfante que se extendió de un lado a otro de su enorme faz, como una onda en un lago.
—¡Pequeños bobos! —murmuró para sÃ, mientras se dirigÃa con paso resuelto al palacio. Yo la seguà al interior.
