Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —PermÃtame presentarle a mi hijo —dijo el vicerrector; añadiendo, en un susurro—, ¡uno de los muchachos más sobresalientes y listos que jamás ha habido! Trataré de que le demuestre parte de su inteligencia. Sabe todo lo que los demás muchachos desconocen, y en tiro con arco, pesca, pintura y música, sus dotes son… pero júzguelo usted mismo. ¿Ve aquella diana de allÃ? Va a dispararle una flecha. Querido muchacho —dijo a continuación en voz alta—, a su adiposidad le complacerÃa verte disparar. ¡Traed el arco y las flechas de su alteza!
Uggug puso una cara de gran enfurruñamiento cuando le entregaron el arco y la flecha, y se preparó para el disparo. Nada más salir volando el proyectil, el vicerrector propinó un fuerte pisotón en la punta del pie al barón, que profirió un grito de dolor.
—¡Diez mil perdones! —exclamó el vicerrector—. Di un paso atrás por la emoción. ¡Mire! ¡Ha dado en el blanco!
El barón clavó una mirada atónita.
—¡SostenÃa el arco con tamaña torpeza que parecÃa imposible! —musitó. Pero no cabÃa ninguna duda: allà estaba la flecha, ¡justo en el centro de la diana!