Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —El lago está ahà al lado —dijo a continuación el vicerrector—. ¡Traed la caña de pescar de su alteza! —Y Uggug sujetó la caña de malÃsima gana, y dejó colgando la mosca sobre el agua.
—¡Tiene un escarabajo en el brazo! —chilló milady, pellizcando el brazo del pobre barón más fuerte que si diez langostas se lo hubieran atenazado a la vez con sus pinzas—. Esa variedad es venenosa —explicó—. ¡Pero qué lástima! ¡Se ha perdido cómo sacaba el pez del agua!
Un enorme bacalao muerto yacÃa en la orilla, con el anzuelo en la boca.
—Siempre habÃa creÃdo —comentó el barón entre titubeos— que los bacalaos eran peces de agua salada.
—No en este paÃs —señaló el vicerrector—. ¿Vamos adentro? Hágale alguna pregunta a mi hijo de camino… ¡sobre cualquier tema que guste! —Y el malhumorado muchacho recibió un violento empujón al frente para que caminara al lado del barón.
—PodrÃa decirme su alteza —empezó cautelosamente el barón— ¿cuál serÃa el total de siete por nueve?
—¡Tuerza a la izquierda! —chilló el vicerrector, adelantándose con aspereza para indicar el camino, de forma tan brusca que chocó con su desafortunado invitado, el cual cayó pesadamente de bruces al suelo.