Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡De mal en peor! —dijo el anciano para sà en tono caviloso cuando los niños hubieron terminado su relato, algo confuso, de la visita del embajador, construido sin duda a partir del rumor general, pues ellos no lo habÃan visto en persona—. ¡De mal en peor! Ese es su destino. Lo veo, pero no puedo alterarlo. El egoÃsmo de un hombre mezquino y artero, de una mujer ambiciosa y necia, de un niño lleno de rencor y falto de amor… todos llevan en una dirección: ¡de mal en peor! Y vosotros, queridos mÃos, debéis sufrirlo por algún tiempo, me temo. Empero cuando las cosas estén peor que nunca, podéis acudir a mÃ. Es poco lo que puedo hacer de momento…
Tras recoger un puñado de polvo y tirarlo al aire, pronunció lenta y solemnemente unas palabras que asemejaban ser un encantamiento, mientras los niños observaban en un silencio atemorizado:
Que el engaño, el rencor, la ambición
duerman en la noche de la razón,
¡hasta que la flaqueza sea fuerza;
las tinieblas, fulgor;
y todo mal se invierta!
La nube de polvo se extendió por el aire, como si estuviera viva, adoptando formas curiosas que cambiaban sin cesar.