Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Es por ello que, en Silvia y Bruno, me he esforzado —no sé con qué grado de éxito en iniciar un camino nuevo y distinto: sea bueno o malo, soy incapaz de hacerlo mejor. Ha sido escrito no por dinero, ni por fama, sino con la esperanza de proporcionar, a los niños que adoro, algunos pensamientos que puedan resultar apropiados para esas horas de júbilo inocente que constituyen la misma savia de la niñez; y también con la esperanza de suscitar, en ellos y en otros, algunas reflexiones que quizá demuestren no estar, de buen grado espero, en total disarmonÃa con las cadencias más serias de la vida.
Si todavÃa no he agotado la paciencia de mis lectores, me gustarÃa aprovechar esta oportunidad —acaso la última que vaya a tener para dirigirme a tantos amigos a la vez para dejar constancia de algunas ideas que se me han ocurrido, en lo que concierne a los libros que desearÃa escribir— trabajos que me encantarÃa acometer, pero para los que quizá nunca disponga del tiempo ni de las fuerzas con que llevarlos a término—, con la esperanza de que, si no consiguiera (y los años están volando muy deprisa) acabar la tarea que me he propuesto, tal vez otras manos recojan el testigo.