Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡No me sueltes ahora «por mi honor te lo juro»! —refunfuñó el otro conspirador—. ¡Con eso no llega ni para la mitad de lo que cuesta!
—Por mi cumpleaños —concluyó milady en un humilde susurro—. Uno debe tener una daga, ¿sabes? Es parte de la…
—¡Oh, no hables tú de conspiraciones! —la cortó violentamente su esposo, tirando la daga al interior del armario—. Sabes tanto de dirigir una conspiración como una gallina. Lo primero que hay que hacer es conseguir un disfraz. ¡Mira esto!
Y con comprensible orgullo se ciñó el gorro y los cascabeles, y el resto del disfraz de bufón, le guiñó un ojo a su esposa y preguntó con ironÃa:
—¿Doy el pego o no?
Los ojos de milady brillaron con absoluto entusiasmo conspirativo.
—¡Totalmente! —exclamó, dando palmadas—. ¡Tienes todo el aspecto de un payaso!
El «payaso» sonrió con recelo. No estaba completamente seguro de si aquello era un halago o no.
—¿Quieres decir un bufón? SÃ, esa era mi intención. ¿A que no te imaginas cuál es tu disfraz? —Y procedió a deshacer el paquete, mientras la dama lo observaba extasiada.