Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Oh, qué maravilla! —gritó, cuando el disfraz estuvo por fin extendido—. ¡Un disfraz espléndido! ¡De mujer esquimal!
—¡Cómo que de esquimal! —bramó el otro—. Toma, póntelo, y mÃrate en el espejo. ¿Pero es que no ves que es un oso? —El vicerrector calló de repente, al oÃrse una áspera voz que aullaba:
«Mas luego advirtió, no obstante,
que era un oso sin cabeza».
Pero se trataba únicamente del jardinero, que estaba cantando bajo la ventana abierta. El vicerrector se acercó de puntillas a la ventana y la cerró sin hacer ruido, antes de atreverse a seguir hablando.
—SÃ, querida, un oso: ¡pero espero que no sin cabeza! Tú eres el oso, y yo el cuidador. Y si alguien nos reconoce, ¡será sólo porque tiene una vista muy aguda!
—Tendré que practicar un poco la forma de andar —dijo milady, mirando a través de la boca del oso—: ya sabes que al principio es imposible no comportarse un poco como un humano. Y por supuesto dirás: «¡Arriba, Bruin[*]!», ¿a que s�