Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Por supuesto que sÃ! —contestó el cuidador, agarrando la cadena que colgaba del collar del oso con una mano, mientras con la otra hacÃa restallar un pequeño látigo—. Ahora da una vuelta a la habitación bailando un poco. Muy bien, querida, muy bien. ¡Arriba, Bruin!
¡Arriba te digo!

Uggug, que acababa de entrar en la habitación, logró oÃr estas últimas palabras proferidas a voces por su padre, y se encontraba ahora con los brazos extendidos y los ojos y la boca abiertos de par en par: la viva imagen de la estupefacción.
—¡Santo cielo! —fue todo lo que pudo decir, casi sin aliento.
El cuidador fingió estar ajustándole el collar al oso, lo cual le dio la oportunidad de susurrar, sin que Uggug lo oyera: