Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Deje que lo intente un poco yo solo —pidió el otro profesor. Y se puso a tocar notas aquà y allá, y a tararear para sà mismo con la boca cerrada, produciendo un sonido parecido al de una moscarda enfadada.
—¿Qué os parece su forma de cantar? —preguntó el profesor a los niños en voz baja.
—No es muy bonita —dijo Silvia, vacilante.
—¡Es muy feÃsima! —contestó Bruno, sin vacilación alguna.
—Los extremos son siempre malos —comentó el profesor, con gran seriedad—. Por ejemplo, la sobriedad es algo muy bueno, cuando se practica con moderación: pero incluso esta, cuando se lleva al extremo, tiene desventajas.
«¿Qué desventajas?» fue la cuestión que me vino a la cabeza; y, como de costumbre, Bruno la formuló por mÃ:
—¿Qué debe en cajas?
—Esta es una de ellas —continuó el profesor—: cuando un hombre está achispado (ese es un extremo, sabéis), ve una sola cosa como si fueran dos. Pero cuando está extremadamente sobrio (ese es el otro extremo), ve dos cosas como si fueran una sola. En ambos casos, se trata de algo igual de inconveniente.
—¿Qué significa «inconveniente»? —susurró Bruno a Silvia.