Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —La diferencia entre «conveniente» e «inconveniente» se ilustra mejor por medio de un ejemplo —dijo el otro profesor, que habÃa oÃdo la pregunta—. Si sencillamente piensas en cualquier poema que contenga las dos palabras… como…
El profesor se tapó las orejas con las manos y adoptó una expresión consternada.
—Si se le deja empezar un poema —informó a Silvia—, ¡no parará de recitar! ¡Nunca lo hace!
—¿Alguna vez se ha puesto a recitar un poema y nunca ha parado? —indagó Silvia.
—En tres ocasiones —dijo el profesor.
Bruno se puso de puntillas hasta que sus labios estuvieron a la altura del oÃdo de Silvia.
—¿Y qué paso con esos tdes poemas? —susurró—. ¿Los está deciendo ahora?
—¡Calla! —le instó Silvia—. ¡El otro profesor está hablando!
—Seré muy breve —musitó el otro profesor, mirando al suelo con voz melancólica, lo cual contrastaba de manera extraña con su expresión, pues habÃa olvidado dejar de sonreÃr. («Al menos, no era exactamente una sonrisa —como dirÃa Silvia más tarde—; daba la impresión de que su boca tenÃa esa forma»).
—Adelante, entonces —dijo el profesor—. Lo que tiene que ser, será.