Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Es algo asà —dijo el otro profesor, dibujando aprisa una larga lÃnea sobre la pizarra, y escribiendo las letras «A» y «B» en los dos extremos, y una «C» en el medio—: deja que te lo explique. Si hubiera que partir un AB en dos por el centro o C anotado…
—Se ahogarÃa —dictó Bruno con seguridad.
El otro profesor emitió un grito ahogado.
—¿Qué se ahogarÃa?
—¡Pues el pajarito, qué va a sed! —respondió Bruno—. ¡Y los dos pedazos se hundirÃan en el centdo del océano!
El profesor intervino entonces, pues el otro profesor se encontraba claramente demasiado desconcertado como para continuar con su diagrama.
—Cuando antes dije que le dolerÃa, me referÃa únicamente a la acción de los nervios…
Al otro profesor no tardó en iluminársele el rostro.
—La acción de los nervios —empezó a decir con entusiasmo— es curiosamente lenta en algunas personas. Una vez, ¡tuve un amigo que tardaba años y años en sentir una quemadura hecha con un atizador al rojo!
—¿Y si simplemente se le pellizcaba? —inquirió Silvia.