Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Totalmente! ¡Totalmente! —se oyó desde todos lados, y lady Muriel, que no era una de esas cantantes que consideran de rigueur negarse a cantar hasta que no se lo han pedido tres o cuatro veces, y han alegado falta de memoria, pérdida de voz y otras razones conclusivas para su silencio, comenzó de inmediato:
Tres tejones hay sobre un pedrusco musgoso
junto a una oscura vereda:
cada uno sueña que es un monarca en su trono,
por lo que no hay quien los mueva.
Aunque su viejo padre languidezca solo,
no hay forma de que se muevan.
Tres sardinas que rondan en torno a la roca
anhelan sentarse arriba:
cada una intenta plasmar en trémulas notas
su hallazgo, que endulzarÃa,
piensan, su vida. Asà pues, con voces rotas,
gimen y se desgañifan.

Mamá sardina buscaba en vano en el mar
a sus retoños perdidos.
El padre tejón no paraba de gritar
en su cueva: «¡Hijos mÃos!
¡Sed buenos! ¡Volved! ¡Y vuestro padre os dará
cantidad de panecillos!».