Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Nos unimos a ellos, y la conversación pronto derivó hacia el sermón que acabábamos de oÃr, el cual habÃa tratado del «egoÃsmo».
—Menudo cambio se ha producido en nuestros púlpitos —comentó Arthur— desde la época en que Paley[*] dio esa definición totalmente egoÃsta de virtud: «hacer el bien a la humanidad, en obediencia a la voluntad de Dios, ¡y para lograr la felicidad eterna!».
Lady Muriel lo miró con aire inquisitivo, pero parecÃa haber aprendido por intuición lo que yo habÃa aprendido tras años de experiencia: que el modo de sacar a la luz los pensamientos más profundos de Arthur no era asentir ni disentir, sino simplemente escuchar.
—Por aquel entonces —prosiguió este último—, un gran macareo de egoÃsmo barrÃa el pensamiento humano. El Bien y el Mal habÃan sido transformados de alguna manera en Ganancia y Pérdida, y la religión se habÃa convertido en una especie de transacción comercial. Demos gracias porque nuestros pastores estén empezando a adoptar una visión más noble de la vida.
—¿Pero no se enseña eso una y otra vez en la Biblia? —me atrevà a preguntar.