Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —No en su conjunto —señaló Arthur—. En el Antiguo Testamento, sin duda, se apela constantemente a recompensas y castigos como motivos para las acciones. Esa enseñanza funciona mejor con los niños, y los israelitas parecer haber sido, mentalmente, completos niños. Guiamos asà a nuestros hijos, al principio, pero apelamos, lo antes posible, a su sentido innato del Bien y el Mal; y, cuando esa etapa ha quedado firmemente atrás, recurrimos al motivo más elevado de todos: el deseo de semejanza, y unión, con el Bien Supremo. Creo que descubrirá que eso es lo que nos enseña la Biblia, en su conjunto, empezando por «para que tus dÃas sean prolongados en la tierra», y terminando con «sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».
Guardamos silencio durante un rato, y luego Arthur cambió de enfoque.
—Mirad la letra de los himnos litúrgicos. ¡Qué corrompida está, hasta la médula, por el egoÃsmo! ¡Pocas composiciones humanas hay más totalmente degradadas que algunos himnos modernos!
Yo cité la estrofa:
Cuanto te demos, Señor,
mil veces será recompensado.
¡Daremos pues siempre con agrado,
generoso Creador![*].