Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Sà —dijo él con gravedad—; esa es la estrofa tÃpica. Y el último sermón que escuché, en el que se solicitaba dinero para los pobres, presentaba la misma infección. Tras dar muchas razones positivas para ser caritativo, el pastor concluyó con: «y, por todo lo que deis, ¡recibiréis una recompensa mil veces mayor!». Oh, que la absoluta mezquindad de un motivo tal sea expuesta ante hombres que conocen bien lo que es el autosacrificio, ¡que son capaces de apreciar la generosidad y el heroÃsmo! ¡Y hablando del Pecado Original! —continuó con creciente amargura—. ¿Acaso existe prueba más sólida de la Bondad Original que debe haber en esta nación que el hecho de que la religión nos haya sido predicada como una especulación comercial, durante un siglo, y que todavÃa creamos en Dios?
—No habrÃa perdurado tanto —apuntó lady Muriel en tono reflexivo si la oposición no hubiera sido prácticamente silenciada, bajo lo que los franceses llaman la clôture. Seguro que en cualquier aula, o asociación privada, no habrÃan tardado en abuchear a quien enseñara algo asÃ, ¿cierto?