Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Sentà que realmente habÃa dejado pasar una oportunidad: ¡ser testigo de un acontecimiento como que una niñera acabe «partida por la mitad» no le ocurre a uno dos veces en la vida!
—¿Cuándo adivinaste que se tdataba de Silvia? —inquirió Bruno.
—No lo hice, hasta que realmente fue ella —reconoc×. ¿Pero cómo conseguisteis crear a la niñera?
—Lo hizo Bruno —señaló Silvia—. Es lo que se llama un «flizz».
—¿Y cómo haces un flizz, Bruno?
—El profesod me enseñó —dijo este—. Pdimero coges mucho aire…
—¡Oh, Bruno! —interpuso su hermana—. ¡El profesor dijo que no lo contaras!
—¿Pero quién hizo su voz? —pregunté.
—¡Ya se ha tomado demasiadas molestias, señor! Ella puede caminar perfectamente en llano.
Bruno rio de forma jovial cuando me giré precipitadamente hacia un lado y otro, buscando por todas partes a quien habÃa hablado.
—¡Fui yo! —proclamó lleno de regocijo, con su propia voz.
—Es cierto que puede caminar perfectamente en llano —comenté—. Y creo que yo le he servido de montura.