Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿No te parece que «mi buen capitán» habrÃa encajado igual de bien en la melodÃa?
—¡Pues claro que sÃ! —replicó lady Muriel, de manera jovialmente caustica—. Capitán, marinero, sastrecillo, calderero, ¡hay cantidad de palabras que encajarÃan! En mi opinión, queda mejor «mi buen calderero». ¿No crees?
Con objeto de ahorrarle más sufrimiento a mi amigo, me levanté para marcharme justo en el momento en que el earl se disponÃa a repetir su particularmente embarazosa pregunta acerca de las flores.
—TodavÃa no me ha…
—¡SÃ, ya he probado el té, gracias! —corrà a atajarlo—. Y ya es más que hora de que nos vayamos. ¡Buenas noches, lady Muriel!
—Nos despedimos, y escapamos, mientras el earl seguÃa aún ensimismado examinando el misterioso buqué.
Lady Muriel nos acompañó a la puerta.
—¡No podrÃa haberle hecho a mi padre un obsequio más apropiado! —dijo de manera afectuosa—. Le apasiona la botánica. Me temo que desconozco por completo la teorÃa de la misma, pero me ocupo de mantener en orden sus hortus siccus[*]. He de conseguir algunas hojas de papel secante y desecar estos nuevos tesoros para él antes de que se marchiten.
—¡Eso no sedvirá de nada! —me reprendió Bruno, que nos estaba esperando en el jardÃn.