Silvia y Bruno
Silvia y Bruno le canta asÃ: «Pensó en mÃ… ¡pensó en mÃ
cuando se hallaba distante!».
El navÃo partió rumbo a occidente:
su albatros emprendió el vuelo;
una punzada en el pecho ella siente,
pues queda sola y en duelo.
Mas una reveladora sonrisa
se dibuja en su semblante:
«¡Pensará en mÃ…! ¡oh, sÃ, pensará en mÃ
en tanto se halle distante!
»Aunque tú, océano, te interpones,
su unión dos vidas proclaman:
no hay distancia entre fieles corazones
que con tal pasión se aman.
Y confÃo en que mi buen marinero,
por siempre, y a cada instante,
pensará en mÃ… ¡oh, sÃ, pensará en mÃ
mientras se encuentre distante!».
La expresión de desagrado, que habÃa comenzado a extenderse por la faz de Arthur cuando el joven capitán habló de amor de forma tan frÃvola, fue desapareciendo a medida que la canción avanzaba, y escuchó con evidente placer. Pero su rostro se volvió a ensombrecer cuando Eric hizo la recatada observación: