Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Es cierto. Hemos de contar con un pasto dentro del pasto, por asà decirlo. La hierba corriente harÃa las veces de un verde palmeral para nuestras vacas de dos centÃmetros, a la vez que en torno a la raÃz de cada alto tallo se extenderÃa una diminuta alfombra de hierba microscópica. SÃ, creo que nuestro esquema funcionará relativamente bien. Y resultarÃa muy interesante entrar en contacto con las razas por debajo de nosotros. ¡Los bulldogs de dos centimetros serÃan unas criaturitas preciosas! ¡Dudo que nadie pudiera echar a correr al verlos, ni siquiera Muriel!
—¿No crees que deberÃamos tener igualmente una serie in erescendo? —planteó lady Muriel—. ¡ImagÃnate medir cien metros de alto! ¡Uno podrÃa utilizar un elefante como pisapapeles y un cocodrilo como tijeras!
—¿Y harÃa usted que las razas de diferentes tamaños se comunicasen entre sÃ? —inquir×. ¿EntrarÃan en guerra unas con otras, por ejemplo, o firmarÃan tratados?