Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Es un hombre magnÃfico —reconoció Arthur—, pero confieso que las noticias serÃan buenas, para mÃ, ¡si recibiera su ascenso y su orden de incorporación a filas al mismo tiempo! Le deseo toda la felicidad del mundo… con una excepción. ¡Buenas noches! —HabÃamos llegado a casa para entonces—. Esta noche no soy una buena compañÃa… es mejor que esté solo.
El dÃa siguiente no fue muy distinto. Arthur declaró que no se sentÃa sociable, por lo que hube de salir solo a pasear por la tarde. Tomé el camino a la estación y, en el punto en que este confluÃa con el procedente del Hall, me detuve, al ver a lo lejos a mis amigos, los cuales se dirigÃan aparentemente al mismo destino.
—¿Quiere unÃrsenos? —me propuso el earl, después de un intercambio de saludos con él, lady Muriel y el capitán Lindon—. Este joven inquieto está esperando un telegrama y vamos a la estación para recogerlo.
—También hay una mujer inquieta implicada —añadió lady Muriel.
—Eso se sobreentiende, hija mÃa —contestó su padre—. ¡Las mujeres nunca están tranquilas!
—Para una generosa apreciación de las mejores cualidades de uno mismo —apuntó excelentemente la hija—, no hay nada como un padre, ¿no es cierto, Eric?