Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Estoy aquÃ! —saludó está, asomándose por el borde del terraplén—. Estaba viendo a dos ranas echar una carrera.
—¿Cuál ganó? —inquirió Bruno, entusiasmado.
Silvia no supo qué responder.
—¡Pregunta unas cosas tan difÃciles…! —me confesó.
—¿Y qué tendrá lugar en el teatro? —indagué yo.
—Primero celebran su banquete de cumpleaños —explicó Silvia—; después Bruno representa unos fragmentos de Shakespeare, y luego les cuenta una historia.
—Supongo que lo que más les gusta a las ranas es el banquete, ¿me equivoco?
—Pues, por lo general, no hay muchas que coman. ¡Mantienen sus bocas tan fuertemente cerradas! Y menos mal —añadió—, porque a Bruno le gusta cocinar él mismo, y prepara unos platos muy raros. Ya están todas dentro. ¿Le importarÃa ayudarme a colocarlas de modo que miren todas en la dirección adecuada?
No tardamos en resolver aquella parte del asunto, aunque las ranas croaban y croaban sin parar con gran descontento.
—¿Qué es lo que dicen? —le pregunté a Silvia.