Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡No es cierto! —lo cortó Silvia con gran indignación—. ¡Y no me creo para nada que la cabra la cantara!
—¡Sà que lo hizo! —aseguró Bruno—. La cantó entera. Yo vi cómo la cantaba con su ladga badba…
—No pudo cantarla con su barba —interpuse yo, esperando pillar al pequeñajo—: una barba no es una voz.
—¡Pues entonces no poderÃas pasead con Silvia! —exclamó Bruno en tono triunfal—. ¡Ella no es un pie!
Decidà que lo mejor era seguir el ejemplo de Silvia y guardar silencio por un rato. Bruno era demasiado listo para nosotros.
—Y cuando tedminó de cantad la canción, salió coriendo: en busca del hombde, ya sabéis. Y el cocoddilo fue detdás de ella, para moddedla, ¿entendéis? Y el datón siguió al cocoddilo.
—¿No iba corriendo el cocodrilo? —inquirió Silvia, que luego se dirigió a m×: Los cocodrilos corren, ¿no?
Yo sugerà que lo correcto era decir que «se arrastran».
—No corÃa —aclaró Bruno— y no se arastdaba. Se movÃa con dificultad como un baúl de viaje. Y levantaba tantósimo la badbilla al caminad…