Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Me alegré al pensar, cuando salimos el domingo por la tarde, que no habÃa posibilidad de que nos encontráramos con Eric en el Hall, ya que habÃa regresado a la ciudad el dÃa siguiente a que se anunciase su compromiso. Su presencia podrÃa haber enturbiado la calma —la calma casi antinatural— con la que Arthur se reunió con la mujer que habÃa conquistado su corazón, y con la que musitó las concisas y elegantes palabras de simpatÃa que exigÃa la ocasión.
Lady Muriel se encontraba absolutamente radiante de felicidad: a la luz de aquella sonrisa, la tristeza no podÃa existir, e incluso Arthur recobró el buen ánimo ante ella, y, cuando lady Muriel comentó: «Como ve, estoy regando mis flores, aun cuando hoy es el dÃa del sabbat», su voz casi mostró el viejo tono de alegrÃa en su respuesta:
—Las obras piadosas se permiten incluso en sabbat. Pero hoy no lo es. El dÃa del sabbat ya no existe.
—Ya sé que no es sábado —repuso lady Muriel—, pero ¿no se dice a menudo que el domingo es «el sabbat cristiano»?
—Se llama asÃ, según creo, en reconocimiento del espÃritu de la institución judÃa de que un dÃa de cada siete deberÃa ser de descanso. Mas yo mantengo que los cristianos están liberados del cumplimiento literal del cuarto mandamiento[*].