Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿Son pupilos de alguien? —preguntó.
—No, no lo somos —saltó Bruno, el cual creía estar perfectamente capacitado para responder aquella pregunta él mismo.
El profesor meneó la cabeza apenado.
—¿Ni siquiera a media jornada?
—¿Pod qué íbamos a sedlo a media jodnada? —repuso Bruno—. ¡No somos ojos!
Pero para entonces el profesor ya se había olvidado por completo de ellos, y estaba hablando nuevamente con el rector.
—Le alegrará oír —decía— que el barómetro está empezando a moverse…
—Ah, ¿y en qué dirección? —contestó el rector, añadiendo hacia los niños—: Tampoco es que me importe. Lo que pasa que él cree que afecta al tiempo. Es un hombre maravillosamente listo, ¿sabéis? A veces dice cosas que sólo es capaz de entender el otro profesor. ¡Y a veces dice cosas que nadie es capaz de entender! ¿Cuál es la dirección, profesor? ¿Arriba o abajo?
—¡Ninguna de las dos! —dijo el profesor, dando una suave palmada—. Se está poniendo de lado, si es que puede expresarse así.
—¿Y qué clase de tiempo produce eso? —indagó el rector—. ¡Atended, niños! ¡Vais a oír algo que vale la pena saber!