Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Dos cabezas piensan mejor que una, Bruno —respondà yo, sin tener una idea muy clara de adonde querÃa llegar con ello.
—No me impodtarÃa tened dos cabezas —se dijo Bruno en voz baja—: una para tomad la cena y otda para discutid con Silvia… ¿cdee usted que me verÃa más guapo si teniera dos cabezas, hombde señod?
La cuestión, le aseguré, no admitÃa dudas.
—El motivo pod el que Silvia está tan enfadada… —continuó Bruno con gesto muy serio, casi apenado.
Los ojos de Silvia se abrieron como platos por la sorpresa de aquella nueva lÃnea de indagación, mientras su tez sonrosada irradiaba buen humor por cada poro. Pero no dijo nada.
—¿No serÃa mejor que me lo contases una vez acabadas las lecciones? —sugerà yo.
—Vale —aceptó Bruno con aire de resignación—, aunque entonces ya no estará enfadada.
—Sólo quedan tres lecciones —señaló Silvia—: OrtografÃa, GeografÃa y Canto.
—¿Aritmética no? —pregunté.
—No, no tiene cabeza para la Aritmética…
—¡Pues claro que no! —saltó Bruno—. Mi cabeza es para el pelo. ¡No tengo un montón de ellas!
—… y es incapaz de aprenderse la tabla de multiplicación…