Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Tal vez sea su aire —declaré—, o el trabajo duro… o mi vida relativamente solitaria; en cualquier caso, no me vengo sintiendo muy bien últimamente. Pero Elveston no tardará en reanimarme otra vez. ¡La prescripción de Arthur (es mi médico, ya sabe, y tuve noticias suyas esta mañana) es «abundante ozono, leche fresca y compañÃa agradable»!
—¿CompañÃa agradable? —repitió lady Muriel, fingiendo meditar la cuestión en una bonita pose¡ Pues en serio que no sé dónde podemos encontrarle eso! Tenemos muy pocos vecinos. Pero lo de la leche fresca podemos arreglarlo. Cómpresela a mi vieja amiga la Sra. Hunter, allá, subiendo la colina. Puede confiar en su calidad. Y su pequeña Bessie va a la escuela a diario pasando por delante de donde se hospeda. Asà que serÃa muy sencillo hacérsela llegar.
—Seguiré su consejo encantado —dije yo—; iré mañana a encargarme de ello. Estoy seguro de que Arthur querrá dar un paseo.
—Verá que es un paseo nada duro: menos de tres millas, me parece.
—Bien, ahora que hemos zanjado ese asunto, deje que le devuelva el comentario. ¡No creo que tenga usted muy buen aspecto!