Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —No hace falta ser médico —dije yo— para interesarse por los libros de medicina. Hay otra clase de lectores que encuentran en ellos un interés aún más profundo…
—¿Se refiere a los pacientes? —me interrumpió ella, mientras una expresión de tierna compasión conferÃa una renovada dulzura a su semblante—. Pero —añadió con el evidente deseo de evitar un tema posiblemente doloroso— uno tampoco necesita serlo para interesarse por los libros de ciencia. ¿Qué contiene mayor cantidad de conocimientos cientÃficos, en su opinión: los libros, o las mentes?
«¡Una pregunta bastante profunda para una dama!», me dije, dando por hecho, con el parecer tan natural para el hombre, que el intelecto de la mujer es esencialmente superficial. Consideré la cuestión un momento antes de responder:
—Si se refiere a mentes vivas, no creo que sea posible decidirlo. ¡Existe tanta ciencia escrita que nadie ha leÃdo jamás; y hay tanta ciencia pensada que aún no ha sido escrita! Mas, si se refiere a toda la raza humana, entonces pienso que ganan las mentes: todo lo registrado en los libros debe haber estado antes en la mente de alguien, ya sabe.