Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Aquella posdata me dejó profundamente desconcertado. «Es un hombre demasiado sensible —pensé para haberse vuelto un fatalista. ¿Mas qué otra cosa puede querer decir con eso?». Acto seguido, mientras doblaba la carta y la guardaba, repetà las palabras en voz alta de forma inadvertida:
—¿Crees en el destino?
La hermosa desconocida giró la cabeza enseguida ante la súbita pregunta.
—¡No, no creo! —dijo sonriendo—. ¿Y usted?
—¡No… no era mi intención hacerle esa pregunta! —tartamudeé, sorprendido por haber iniciado una conversación de un modo tan poco convencional.
La sonrisa de la dama mudó en risa: no una de burla, sino la risa de una niña feliz que se siente totalmente cómoda.
—¿Ah, no? —dijo—. ¿Entonces ha sido un caso de lo que ustedes los médicos llaman «cerebración inconsciente»?
—No soy médico —repuse—. ¿Acaso lo parezco? ¿O qué le hace pensar eso?
Ella señaló el libro que yo habÃa estado leyendo, el cual descansaba de tal modo que su tÃtulo, Enfermedades cardÃacas, quedaba claramente a la vista.