Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Oh, desde luego, desde luego! —contestó el profesor con una sonrisa en su alegre semblante—. Permita que le explique. Se trata, de hecho, de un problema muy simple de hidrodinámica. (Lo cual quiere decir una combinación de agua y fuerzas). Si consideramos una piscina, y un hombre de gran fuerza (como es mi caso) que se dispone a zambullirse en ella, tenemos un ejemplo perfecto de esta ciencia. He de admitir —continuó el profesor, en tono más bajo y con la mirada gachaque necesitamos un hombre de fuerza excepcional. Debe ser capaz de elevarse desde el suelo de un salto hasta aproximadamente el doble de su propia altura, girando en el aire a medida que asciende, para asà caer de cabeza.

—¡Pero entonces necesita una pulga, no un hombre! —exclamó el subrector.
—Disculpe —dijo el profesor—. Este tipo concreto de baño no se adapta a una pulga. Supongamos —prosiguió, doblando su servilleta en un elegante festón— que esto representa lo que quizá sea la gran necesidad de nuestra era: la Piscina Portátil del Turista Activo. Uno puede referirse a ella de manera abreviada, si lo desea —añadió mirando al canciller—, mediante la sigla PPTA.
El canciller, enormemente desconcertado por ver que todo el mundo se habÃa vuelto hacia él, acertó tan sólo a decir, en un tÃmido susurro: