Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Exactamente!
—Una gran ventaja de esta piscina —retomó el profesor su explicaciones que requiere solamente unos dos litros de agua…
—¡Yo no llamarÃa a eso piscina —observó su subexcelencia— a menos que su Turista Activo se sumerja por completo!
—Pero es que sà lo hace —contestó con suavidad el anciano—. El TA cuelga la PP de un clavo: asÃ. Luego vacÃa la jarra de agua en ella; coloca la jarra vacÃa debajo de la bolsa; salta hacia arriba; desciende de cabeza en la bolsa; el agua se eleva a su alrededor hasta la boca de la bolsa; ¡y listo! —concluyó en tono triunfante—. ¡El TA se halla tan sumergido como si hubiera bajado a una o dos millas de profundidad en el Atlántico!
—Y se ahoga, digamos, en unos cuatro minutos…
—¡De ningún modo! —repuso el profesor con una sonrisa de orgullo—. Pasado un minuto aproximadamente, abre tranquilamente una espita en el fondo de la PP; toda el agua cae de nuevo en la jarra, ¡y listo otra vez!
—¿Pero cómo diantres va a lograr salir él de la bolsa?