Silvia y Bruno

Silvia y Bruno

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—Primero… —empezó a explicar Mein Herr, proveyéndose de dos de los pañuelos, extendiendo uno sobre el otro y sujetándolos en el aire por dos esquinasprimero una estas esquinas superiores, la derecha con la derecha, la izquierda con la izquierda, y la abertura entre ellas será la boca de la bolsa.

Unas pocas puntadas bastaron para llevar a efecto aquellas indicaciones.

—Y ahora, si coso los tres bordes restantes —sugirió lady Muriel—, ¿la bolsa está terminada?

—No, milady, los bordes inferiores han de unirse antes… ¡oh, así no! —la corrigió, pues ella estaba empezando a coserlos—. Dele la vuelta a uno de ellos, luego junte la esquina inferior derecha de uno con la esquina inferior izquierda del otro, y cosa los bordes de abajo, como diría usted, «al revés».

—¡Entiendo! —dijo lady Muriel, en tanto ejecutaba diestramente la orden—. ¡Pues es una bolsa muy retorcida, incómoda y de aspecto sorprendente! Pero la moraleja resulta encantadora. ¡La riqueza ilimitada sólo puede conseguirse haciendo las cosas al revés! ¿Y cómo se supone que hemos de unir estas misteriosas… digo, esta misteriosa abertura? —comentó, dándole vueltas y vueltas al objeto con aire confuso—. Sí, es una sola abertura. Al principio me pareció que eran dos.


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