Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Silvia se volvió hacia mÃ, con lágrimas en los ojos. Traté de enviarle una sonrisa de ánimo, pero aquello suponÃa obviamente una gran tensión para una niña tan nada acostumbrada a que la usaran como espectáculo de feria, y se sentÃa asustada y descontenta. No obstante, surgió entonces la absoluta dulzura de su mañera de ser: pude ver que estaba decidida a olvidar sus reservas y a esforzarse al máximo por agradar a lady Muriel y sus amigos. Se sentó ante el instrumento y comenzó a tocar de inmediato. El compás y la expresión, hasta donde uno podÃa juzgar, eran perfectos, pero su ataque de las teclas poseÃa una ligereza tan extraordinaria que al principio apenas resultaba posible, a través del murmullo de conversación que aún persistÃa, escuchar una nota de lo que estaba interpretando.
Pero un momento después el murmullo se habÃa transformado en un silencio absoluto, y todos nos sentamos, conteniendo el aliento embelesados, para escuchar una música tan celestial que ninguno de los presentes podrÃa jamás olvidarla.