Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Lo siguiente era aplicar la teorÃa, como usted correctamente sugiere, al movimiento horizontal. Pero el cuerpo que se desplaza, que tiende siempre a caer, necesita un apoyo constante, si ha de moverse en una verdadera lÃnea horizontal. «Entonces», se preguntó, «¿qué proporcionará apoyo constante a un cuerpo en movimiento?». Y su respuesta fue: «¡Las piernas humanas!». ¡Ese fue el descubrimiento que inmortalizó su nombre!
—¿Que era…? —dije a modo de indirecta.
—No lo he mencionado —fue la delicada contestación de mi sumamente insatisfactorio informador—. Su siguiente paso fue uno obvio. Inició una dieta de bolas de masa cocida con manteca, hasta que su cuerpo se convirtió en una esfera perfecta. Entonces salió a hacer su primera carrera experimental… ¡que a punto estuvo de costarle la vida!
—¿Y eso?
—Bueno, verá, no tenÃa ni idea de la tremenda nueva fuerza de la naturaleza que estaba activando. Empezó demasiado rápido. ¡En muy pocos minutos se vio corriendo a cien millas por hora! Y, si no hubiera poseÃdo el aplomo para estrellarse contra un almiar (el cual destrozó a los cuatro vientos), no cabe ninguna duda de que habrÃa abandonado el planeta al que pertenecÃa, ¡hasta adentrarse en el espacio!
—¿Y qué ocurrió para que esa fuese la última caza de novatos? —inquirÃ.