Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Y el mercader se mesó la barba, y dijo: «¡Ejem! Aguardaré la venida de tus amigos». Asà que esperó. Y el hombre esperó con él. Y los dos esperaron juntos.
—El manuscrito se interrumpe aquà —señaló Mein Herr, mientras lo enrollaba de nuevo—, pero bastó para abrirnos los ojos. Vimos lo bobos que habÃamos sido, comprando a nuestros estudiantes de manera similar a como esos salvajes ignorantes compraban sus huevos, y el ruinoso sistema fue abandonado. ¡Ojalá pudiéramos haber abandonado, junto con él, todas las demás modas que copiamos de ustedes, en vez de llevarlas a su resultado lógico! Pero no serÃa asÃ. Lo que arruinó mi paÃs, y me obligó a dejar el hogar, fue la introducción (en el ejército, ¿puede creerlo?) ¡de su teorÃa de la dicotomÃa polÃtica!
—¿Le supondrÃa excesiva molestia —dije yo— explicar a qué se refiere con «teorÃa de la dicotomÃa polÃtica»?