Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Nos pareció extraño, al principio —prosiguió, tras esperar educadamente mi respuesta unos momentos—, pero nuestro respeto por su nación era tan grande que, cuando nos hicimos a la idea, ¡lo aplicamos en todos los aspectos de la vida! Fue «el principio del fin» para nosotros. ¡Mi paÃs nunca más volvió a levantar cabeza! —Y el pobre y anciano caballero emitió un hondo suspiro.
—Cambiemos de tema —propuse—. ¡No se aflija usted, se lo ruego!